Tragedias I
Tragedias I HERACLES. —Llevar los potros al señor de Tirinto.
CORIFEO. —No es fácil ponerles el freno en las quijadas.
HERACLES. —Con tal que no soplen fuego por las narices.
CORIFEO. —Pero destrozan hombres con sus ligeras mandÃbulas.
HERACLES. —De fieras montaraces es el pasto que 495 dices, no de caballos.
CORIFEO. —Podrás ver sus pesebres manchados de sangre.
HERACLES. —¿Y de quién se jacta ser hijo el que los alimenta?
CORIFEO. —De Ares, de la áurea Tracia, un guerrero señor del escudo[49].
HERACLES. —Este trabajo que refieres tiene también el sello de mi destino, pues siempre es duro y se 500 encamina hacia lo escarpado, si es que debo entablar combate con los hijos que Ares engendró, primero con Licaón, después con Cicno, y ahora voy a medirme, por tercera vez, con estos caballos y con su amo. Pero nadie 505 verá nunca al hijo de Alcmena temblar ante la mano de un enemigo. (Admeto sale de palacio).
CORIFEO. —He aquà en persona al soberano de esta tierra, a Admeto, que sale de palacio.