Tragedias I
Tragedias I ADMETO. —¡Salud, oh hijo de Zeus y de la sangre de Perseo![50]
510 HERACLES. —También yo te la deseo, Admeto, rey de los Tesalios.
ADMETO. —Asà lo quisiera yo, pues sé que en ti tengo un amigo.
HERACLES. —¿Qué te ha sucedido para llevar la cabeza rasurada en señal de duelo?
ADMETO. —En este dÃa me dispongo a enterrar un cadáver.
HERACLES. —¡Que un dios aparte la desgracia de tus hijos!
515 ADMETO. —Vivos están en casa los hijos que yo engendré.
HERACLES. —Si se trata de tu padre, ya era tiempo de que partiera.
ADMETO. —También vive aquél y la que me engendró, Heracles.
HERACLES. —¿No habrá muerto tu esposa, Alcestis?
ADMETO. —Sobre ella puedo darte una doble respuesta.
520 HERACLES. —¿Dices que ha muerto o que está viva?
ADMETO. —Vive y no vive, éste es mi dolor.
HERACLES. —No sé más que antes. Dices cosas sin sentido.