Tragedias I
Tragedias I Y para disfrutar de tus cantos se unían a los 580 rebaños abigarrados linces y, abandonando el valle del Otris[52], venía la amarillenta tropa de leones. Y al son de tu citara, Febo, danzó el manchado cervatillo, dejando atrás, con ligera carrera, los abetos de altas 585 copas, alegre con tu dulce canto.
Estrofa 2.ª.
Pues habitas una casa muy rica en rebaños, junto a la laguna Bebia, de hermosas aguas. Las tierras de 590 labor y los suelos de las llanuras poseen como límite, hacia el tenebroso establo de los caballos del sol, el cielo de los Molosos, y sobre la inhóspita costa marina 595 del Egeo domina sobre el Pelión[53].
Antístrofa 2.ª.
Y hoy, abriendo de par en par la casa, ha acogido a un huésped con párpado húmedo, mientras lloraba el cadáver de su querida esposa, muerta en la 600 casa hace un instante. Pues la nobleza de espíritu impulsa siempre al respeto de lo que es sagrado[54]. En los buenos reside toda sabiduría. Le admiro y en mi alma se asienta la confianza de que el hombre piadoso será 605 feliz. (Admeto sale de palacio acompañado del cortejo fúnebre).