Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Y, diciéndole tras esto se quedase con Dios, sin aguardar respuesta, dio de espuelas a Rocinante; y, llegan o a la plaza, en viéndole los muchachos, comenzaron a gritar:
—¡Al hombre armado, al hombre armado!
Y seguido dellos, pasó adelante a medio galope hasta que salió del lugar, dejando maravillados a todos los que le miraban.
El bueno de Sancho enalbardó su jumento y, subiendo en él, dijo:
—Señor Valentín, yo no le ofrezco a vuesa merced peleas como mi amo ha hecho, porque más sé de ser apaleado que de pelear; pero yo le agradezco mucho el servicio que nos ha hecho; por muchos años lo pueda continuar. Mi lugar se llama el Argamesilla; cuando yo esté allá, estaré aparejado para helle toda merced, y mi mujer Mari Gutiérrez sé de cierto que le besa a vuesa merced las manos en este punto.
—Sancho hermano —dijo mosén Valentín—, Dios os guarde. Y mirad que os ruego que cuando vuestro señor vuelva a su tierra, vengáis por aquí; que seréis vos y él bien recebidos, y no haya falta.
Respondió Sancho:
—Yo se lo prometo a vuesa merced; y quédese con Dios, y plegue a la señora Santa Águeda, abogada de las tetas, que viva vuesa merced tan largos años como vivió nuestro padre Abraham.