Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —TodavĂa, Sancho —dijo don Quijote—, eres necio y rudo. Este libro trata de las vidas de los santos, como de san Lorenzo, que fue asado; de san BartolomĂ©, que fue desollado; de santa Catalina, que fue pasada por la rueda de las navajas; y asĂ mismo, de todos los demás santos y mártires de todo el año. SiĂ©ntate, y leerte he la vida del santo que hoy, a veinte de agosto, celebra la Iglesia, que es san Bernardo.
—Par Dios —dijo Sancho—, que yo no soy amigo de saber vidas ajenas, y más de mala gana me dejarĂa quitar el pellejo ni asar en parrillas. Pero dĂgame: Âża san BartolomĂ© quitáronle el pellejo y a san Lorenzo pusiĂ©ronle a asar despuĂ©s de muerto o acabando de vivir?
—¡Oigan qué necedad! —dijo don Quijote—. Vivo desollaron al uno y vivo asaron al otro.
—¡Oh, hideputa —dijo Sancho—, y cĂłmo les escocerĂa! Pardiobre, no valĂa yo un higo para Flas Sanctorum. Rezar de rodillas media docena de credos, vaya en hora buena; y aun ayunar, como comiese tres veces al dĂa razonablemente, bien lo podrĂa llevar.
—Todos los trabajos —dijo don Quijote— que padecieron los santos que te he dicho y los demás de quien trata este libro, los sufrĂan ellos valerosamente por amor de Dios, y asĂ ganaron el reino de los cielos.