Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Vuesa merced, señor don Quijote, dé luego al punto segunda carrera, porque el caballo no se le resfríe; que, aunque vuesa merced no llevó la sortija, el golpe ha sido estremado, pues fue por arriba no más de media vara.
Don Quijote, sin responderle palabra, volvió la rienda a Rocinante y comenzó a correr, no con poca risa de los que le miraban, yendo don Álvaro a medio galope tras él. Llegó, pues, don Quijote a la sortija segunda vez, y con la cólera y turbación que llevaba, erróla por parte de abajo otra media vara. Pero el discreto don Álvaro, viendo cuán desgraciadamente lo había hecho su compañero, puesto de pies sobre los estribos, alargó cuanto pudo la mano desde el caballo y, asiendo la sortija, y llegándose a don Quijote, con mucha sutileza se la puso en el hierro de la lanza (que lo pudo hacer sin que él lo echase de ver, por llevarla puesta sobre el hombro, desque hizo el golpe en señal de gala), y díjole:
—¡Ah, mi señor don Quijote, lustre de la Mancha, victoria, victoria!, que la sortija lleva vuesa merced en la lanza, si no me engaño.
Miró arriba don Quijote, el cual no pensaba haber topado en ella, como era la verdad, y dijo: