Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »El caballero les buscĂł, en saliendo del hospital, una razonable posada en que vivĂan unas costureras, y les hizo dar alquiladas una buena cama y algunas alhajas de casa, saliendo Ă©l a pagar el alquiler de todo cuanto los huĂ©spedes, pare quien habĂa de servir, no le pagasen. Hecha esta diligencia, se fue a mediodĂa a su posada, en la cual les hizo dar bien de comer; y, en comiendo, les llevĂł Ă©l proprio a la que les habĂa buscado, donde le besaron las manos por ello y por un real de a ocho que les dio de limosna, con que pasaron aquella noche razonablemente.
»A la mañana, comenzĂł doña Luisa a preguntar a aquellas vecinas que quiĂ©n le darĂa que labrar, porque ella no conocĂa a nadie en aquella ciudad; las cuales la respondieron:
»—Nosotras, con ser naturales de aquĂ y hacer, como dicen, pajaritos de nuestras manos, morimos de hambre. ¡Mirad quĂ© harĂ©is, señora, vos, venida de ayer acá! A la fe, hermana mĂa, que habĂ©is llegado a muy ruin puesto para ganar de comer, como os enseñará la experiencia. Con todo eso, para dos o tres dĂas —dijo la una—, yo os darĂ© con que ganĂ©is siquiera para pan.