Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »—Agradezco cuanto puedo, señor —respondió ella—, la que ese valor me ofrece, sin haberla yo servido ni merecido; pero, siendo mujer casada y estando mi marido presente, en gravÃsimo yerro y peligro caerÃa si le ofendiese. Y asà por esto y, lo más principal, por lo que debo a Dios y a mà misma, suplico a vuesa merced desista de tal pretensión; y, en cuanto no tocare a ella, mándeme, que en todo verá mi debido agradecimiento.
»—Miraldo, señora, bien —dijo el mancebo—; que yo me encargo en dar orden cómo vuestro marido no lo sepa ni entienda. Y veis aquà por agora ese doblón para que cenéis esta noche; que dobles os los daré las que vinieren, como gustéis emplearlas en darme gusto, y no le terné hasta que mañana me deis la respuesta que deseo; y me le puede sólo causar el ser ella cual mi fe merece y esa beldad asegura.
»Constreñida doña Luisa de la necesidad, que es poderoso tiro para derribar las flacas almenas de la mujeril vergüenza, tomó el doblón, dándole por él no pocas gracias ni pocas esperanzas con recebirle, pues siempre quien lo hace se obliga a mucho. Levantóse tras esto el administrador, y llamó aparte a la vecina más vieja de la casa y le dijo: