Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »—¡Ay, hijo de mis ojos, y qué disfraz es el con que has querido entrar en esta tu propria casa!
»El padre que, oyendo los gritos de la madre, percibió llamaba de hijo al peregrino, se llegó, tan desmayado como él lo estaba, a mirársele, y, conociéndole, ayudó también a las endechas de la madre, diciendo:
»—¿Qué peregrina invención ha sido ésta, Gregorio mÃo, de querer disimulártenos, dándotenos a conocer tan por rodeos? ¿PensarÃas hacer con tus padres, sin duda, lo que con los suyos hizo san Alejos? Mas no creo tal, pues tan lejos está de parecerse a aquel santo quien tan sin ocasión ni violencia de casamientos ha usado tan peregrino rigor.
»Alborotóse luego la casa, corriendo las nuevas de la vuelta de don Gregorio por el barrio; y, antes que él volviese del desmayo en sÃ, estaba rodeado de criados y vecinos. Y corrido, cuando volvió a cobrar sus sentidos, de ver la publicidad de su vuelta, abrazó a sus padres, prostrándoseles luego a sus pies y pidiéndoles le dejasen reposar a solas, despidiendo los circunstantes, pues bastaba hubiesen sido testigos de su corrimiento y del perdón que les pedÃa por los enojos causados.