Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »Fuéronse cuantos esto le oyeron, contentos de ver lo quedaban los padres, los cuales luego dieron también orden en que se acostase y reposase. HÃzolo, y, preguntando a su madre en la cama cuánto habÃa que no se habÃa visto con la priora, supo della que tres dÃas, y cómo, hablándole en la conversación dél y representándole el sentimiento con que vivÃan todos en su casa por su ausencia y no saber si era muerto ni vivo, habÃa en ella vertido no pocas lágrimas y despedido del pecho algunos lastimosÃsimos suspiros, indicio claro del sincero amor que le tenÃa y de lo que sentÃa su perdición. Más le crecÃa el asombro a don Gregorio cuando estas cosas oÃa; porque, como no sabÃa el milagro y estaba cierto, por otra parte, de su maldad y de lo que con la priora le habÃa acontecido, parecÃale todo sueño y que era ilusión del demonio el pensar verse en casa de sus padres y vuelto tan a su salvo en su patria. Y asÃ, a ratos, con la vehemencia desta imaginación se suspendÃa, de suerte que no acertaba a responder.