Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Por cierto, señores, que entiendo verdaderamente que a duras penas se podrán hallar tres sujetos tales como los tres que habemos caminado desde Zaragoza hasta aquÃ, pues cada uno de nosotros merece por sà grande honra y fama; porque, como sabemos, por una de tres cosas se alcanzan en el mundo las dos dichas: o por la sangre, o por las armas, o por las letras, incluyendo en sà cada una dellas la virtud, para que sea perfecto cumplimiento. Por la sangre, el señor Bracamonte es famoso, pues la suya es tan conocida en toda Castilla; por las armas, yo, pues por ellas he adquirido tanto valor en el mundo, que ya mi nombre es conocido en toda su redondez; y por las letras, el padre, de quien he colegido que es tan grande teólogo, que entiendo sabrá dar cuenta de sà en cualesquier universidades, aunque sean las salmantina, parisiense y alcaladina.
Sancho, que en acabando de cenar se habÃa puesto en pie detrás de don Quijote a escuchar la conversación, salió diciendo:
—Y yo, ¿de qué tengo fama? ¿No soy también persona como los demás?
—Tú —respondió don Quijote— tienes fama del mayor tragón goloso que se haya visto.