Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha OfreciĂ©ronse ellos a ir allá de muy buena gana; y llegados que fueron, contaron al autor y a su compañĂa todo lo que don Quijote era, y lo que habĂa hecho y dicho por el camino y en SigĂĽenza, y cĂłmo llamaba reina Zenobia a Bárbara, la bodegonera de la cuchillada de Alcalá, bien conocida de todos, con quien se habĂa encontrado en el viaje. De lo cual rieron el autor y sus compañeros bravamente, holgándose infinito de que se les ofreciese ocasiĂłn en que pasar el tiempo aquella noche.
A la que estaban en esto, fue don Quijote acercándose poco a poco a la venta, y, viéndolo Sancho, bajó luego de su rucio para ver en qué paraba aquello que su amo iba a emprender; también Bárbara le rogó la bajase de la mula, pues estaba tan cerca de la venta, el cual lo hizo tomándola en brazos; y como para hacello fuese forzoso juntar él su cara con la de Bárbara, ella le dijo:
—¡Ay, Sancho, y quĂ© duras y ásperas tienes las barbas! ¡Mal haya yo si no parecen cerdas de zapatero! ¡JesĂşs mĂo, y quĂ© trabajos tendrá la mujer que durmiere contigo, todas las veces que las besare!
—¿Pues para quĂ© diablos —dijo Sancho— las tengo de besar? BĂ©selas la madre que las hizo, o Barrabás, que no tiene mocos; que para lo deste mundo, yo no beso a nadie, si no es a la hogaza cuando la cojo por la mañana, o a la bota cualquiera hora del dĂa.