Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Ínclito y soberano príncipe Perianeo de Persia, cuyo valor y esfuerzo tuvo a costa suya bien experimentado el nunca vencido don Belianís de Grecia, vuestro mortal enemigo y competidor sobre los amores de la sin par Florisbella, hija del emperador de Babilonia, a quien en muchos y varios lugares distes bien que entender, haciendo con él singular batalla, sin hallarse entre los dos jamás ventaja alguna, asistiendo de vuestra parte el prudentísimo sabio Fristón, mi contrario: yo, como caballero andante, amigo de buscar las aventuras del mundo y probar las fuerzas de los bravos y valerosos jayanes y caballeros, he venido hoy a esta Corte del rey católico, do, habiendo llegado a mis oídos el gran valor de vuestra persona, y siendo tal cual yo he muchas veces leído en aquel auténtico libro, me ha parecido me sería mal contado si dejase de probar mi ventura con vuestro invencible esfuerzo hoy aquí en aqueste prado, delante de todos estos vuestros caballeros y de la demás gente que nos está mirando. Y esto hago porque soy único y singular amigo y aficionado al príncipe don Belianís de Grecia por muchas razones: la primera, por ser él cristiano y hijo también de emperador cristiano, y vos pagano, de las casas y casta del emperador Otón, Gran Turco y Soldán de Persia; y la segunda, por quitar de delante a aquel grande amigo mío un estorbo tan grande como vos sois, para que así, con mayor facilidad, pueda gozar de los sabrosos amores que con la infanta Florisbella tiene, pues se vee y sabe clarísimamente que la merece mucho mejor que vos, a quien no faltarán otras turcas hermosas con quien podáis casar; que no es posible deje de haber muchas en vuestra tierra, y dejar a Florisbella para don Belianís de Grecia, mi amigo. Y si no salís luego de vuestra carroza y subís luego en vuestro preciado caballo, en poniéndoos vuestras encantadas armas, para pelear conmigo, mañana publicaré delante toda esta Corte y de su rey vuestra cobardía y poco ánimo, después de haber muerto el gigante Bramidán de Tajayunque, rey de Chipre, y al hijo alevoso del rey de Córdoba. Por tanto, respondedme luego con brevedad, y si no, daos por vencido, y yo me iré a buscar otras aventuras.