Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

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Maravilláronse todos de los disparates que habían oído decir a don Quijote, y comenzaron a hablar sobre ellos unos con otros, riendo dél y de su figura. Pero Sancho, que había estado muy atento a lo que su amo había dicho, se llegó, caballero en su asno, junto a la carroza, diciendo:

—Señor Perineo, vuesa merced no conoce bien a mi amo como yo le conozco; pues sepa que es hombre que ha hecho guerreación con otros mejores que vuesa merced, pues la ha hecho con vizcaínos, yangüeses, cabreros, meloneros, estudiantes, y ha conquistado el hielmo de Membrillo, y aun le conocen la reina Micomicona, Ginesillo de Pasamonte y, lo que más es, la señora reina Segovia, que aquí asiste; y aún es hombre que en Zaragoza acometió a más de docientos que llevaban un azotado, como ya sabrán por acá. Por tanto, mire que tenemos mucho que hacer y las cabalgaduras vienen cansadas; yo y la señora reina vamos con alguna poquilla de hambre. Dése, pues, por las entrañas de Dios, por vencido, como mi amo le suplica, y tan amigo como de antes, y no busque tres pies al gato, pues, si los desta tierra son como los de la mía, no tienen menos que cuatro; déjenos ir con Barrabás a nuestro mesón, y vuesa merced y estos herejes de Persia, su patria, quédense mucho de noramala.

El caballero dijo al alguacil que con él iba le respondiese de su parte y se le llevase aquella noche a su casa. Él lo hizo, diciendo a don Quijote.


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