Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —DÃganos, señor mancebo, aquel señor que iba en la carroza por el Prado, acompañado de tanta gente, a quien este caballero y yo hablamos, ¿quién es?
El paje le respondió quién era y su calidad, y cómo los habÃa mandado expresamente traer a su casa.
—¿Y qué nos quiere hacer? —replicó Sancho—. No nos veamos en otra tribulación como en la que yo me vi en la cárcel de Sigüenza, tan cargado de piojos, que aún de los que me quedan desde entonces podrÃa hinchir media docena de almohadas.
—Ninguna cosa pretende mi señor —respondió el paje—, sino tener con vuesas mercedes algún buen rato de entretenimiento y regalarles.
—Venà acá, paje —dijo don Quijote—; ¿vuestro amo no se llama Perianeo de Persia, hijo del Gran Soldán de Persia y hermano de la Infanta Imperial, competidor del nunca vencido don BelianÃs de Grecia?
Rióse muy de propósito el paje cuando oyó tantos disparates, y respondióle:
—Ni mi señor es PrÃncipe de Persia ni turco, ni en su vida estuvo allá ni vio a don BelianÃs de Grecia, cuyo libro mentiroso tengo yo en mi aposento.