Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Espera, jayán soberbio, que ya ha llegado la hora en que quiere la Majestad divina que pagues las malas obras que has hecho en el mundo!
Andaba, en esto, tras el pobre de Sancho al derredor de la cama, diciéndole mil palabras injuriosas y, juntamente con cada una, arrojándole una estocada o cuchillada larga, que si la cama no fuera tan ancha como era, lo pasara el pobre de Sancho harto mal; el cual le dijo:
—Señor don Quijote, por todas cuantas llagas tuvieron Job, el señor san Lázaro, el señor san Francisco y, lo que más es, Nuestro Señor Jesucristo, y por aquellas benditas saetas que sus padres tiraron al señor san Sebastián, que tenga compasión, piedad, lástima y misericordia de mi ánima pecadora.
EmbravecÃase más con esto don Quijote, diciendo:
—¡Oh soberbio! ¿Agora piensas con tus blandas palabras y ruegos aplacar la justa ira que contigo tengo? ¡Vuelve, vuelve las princesas y caballeros que, contra ley y razón, en este tu castillo tienes! ¡Vuelve los grandes tesoros que tienes usurpados, las doncellas que tienes encantadas y la maga encantadora, causadora de todos estos males!