Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Y de allà iba a proseguir; pero atajóle don Carlos, maravillado de su simple discurso, y dÃjole:
—Ello se ha de hacer puntualmente lo que os tengo aconsejado, pues se os cumplirán todas las condiciones que pedÃs.
—A fe que lo dudo —replicó Sancho— de quien no tuvo vergüenza de tomar de un escudero como yo dos reales y medio por la primer cena que me dio; y asÃ, no quiero nada con él, sino que Dios le eche a aquellas partes en que más dél se sirva.
DÃjole el Archipámpano, viendo que decÃa las dichas razones por él:
—Estad cierto, Sancho, que cumpliré cuanto en mi nombre os ha prometido el señor don Carlos, mejor de lo que vos lo sabréis desear, y estad cierto de que nos os faltará en mi casa la gracia de Dios.
—La gracia de Dios —dijo Sancho— es en mi tierra una gentil tortilla de huevos y torreznos que la sé yo hacer a las mil maravillas, y aun de los primeros dineros que Dios me depare he de hacer una para mà y el señor don Carlos, que nos comamos las manos tras ella.
—Mucho gustaré de comella —respondió don Carlos—; pero ha de ser con condición de que por amor de mà os pongáis sombrero, como lo usamos en la corte, y dejéis la caperuza.