Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Cuerpo de quien me parió! —dijo Sancho—. Esto es lo que me agota la paciencia en estas aventuras o desventuras que andamos buscando por nuestros pecados. Tenemos la venta aquà al ojo, donde podemos entrar sin embarazo ninguno y cenar con nuestros dineros muy a nuestro placer, sin tener batalla ni pendencia con nadie, y quiere vuesa merced que yo vaya a reconocer puentes y fosos y estrañas cubiertas, o como diablos llama esa letanÃa que ha nombrado, a donde salga el ventero, viéndome andar alrededor de la casa midiendo las paredes, con algún garrote y me muela las costillas, pensando que le voy a hurtar por los trascorrales las gallinas o otra cosa. Vamos, por vida suya, que yo salgo por fiador a todo aquello que nos puede suceder, si no es que nosotros mismos nos tomemos las pendencias con las manos.