Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Ahora bien —dijo Sancho—, no quiero más replicar, pues nunca acabarÃamos. Vuesa merced se venga tras mà poco a poco, que yo voy con mi jumento a her lo que me manda; y si no hay nada de lo que vuesa merced me dice, podremos quedar allÃ, porque a fe que me zorrÃan ya las tripas de pura hambre.
—Dios te dé ventura en lides —dijo don Quijote—, para que, en esta empresa que ahora vas, salgas con mucha honra y alcances por los maeses de campo o generales de algún ejército alguna ventaja honrosa para todos los dÃas de tu vida, y mi bendición y la de Dios te alcance; y mira que no te olvides de lo que te he dicho debe hacer la buena espÃa.
Comenzó Sancho a arrear su asno de tal manera, que llegó brevemente a la venta; y, como vio que no habÃa fosos, puentes ni chapiteles, como su amo decÃa, rióse mucho entre sÃ, diciendo:
—Sin duda que todos los torreones y fosos que mi amo decÃa que habÃa en esta venta los debe él tener metidos en la cabeza, porque yo no veo aquà sino sólo una casa con un corralazo, y es sin duda venta, como yo dije.