Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Señor, aquà no hay peto ni salto, pecador de mÃ, ni hay ejércitos de turquescos, ni animales, ni borricadas, ni bestrones; bestias, sÃ, que lo seremos nosotros, si no nos vamos al punto. Tome su adarga y lanza, que quiero subir en mi asno; y, pues Nuestra Señora de los Dolores nos ha librado de los que nos podÃan causar los palos que tan bien merecidos tenÃamos en esta venta, huyamos della como de la ballena de Jonás, que no le faltarán a vuesa merced por esos mundos otras aventuras más fáciles de vencer que ésta.
—Calla, Sancho —dijo don Quijote—, que si me ven huir, dirán que soy un gallina cobarde.
—Pues, pardiez —replicó Sancho—, que, aunque digan que somos gallinas, capones o faisanes, que por esta vez que nos tenemos de ir. ¡Arre acá, señor jumento!
Don Quijote, que vio resuelto a Sancho, no quiso contradecirle más; antes, comenzó a caminar tras él, diciendo: