Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha De la no menos estraña que peligrosa batalla que nuestro caballero tuvo con una guarda de un melonar que él pensaba ser Roldán el Furioso
Caminaron la vÃa de Zaragoza el buen hidalgo don Quijote y Sancho Panza, su escudero, y anduvieron seis dÃas sin que les sucediese en ellos cosa de notable consideración; sólo que por todos los lugares que pasaban eran en estremo notados, y en cualquiera parte daban harto que reÃr las simplicidades de Sancho Panza y las quimeras de don Quijote, porque se ofreció en Ariza hacer él proprio un cartel y fijarle en un poste de la plaza, diciendo que cualquier caballero natural o andante que dijese que las mujeres merecÃan ser amadas de los caballeros, mentÃa, como él solo se lo harÃa confesar uno a uno o diez a diez; bien que merecÃan ser defendidas y amparadas en sus cuitas, como lo manda el orden de caballerÃa; pero que en lo demás, que se sirviesen los hombres dellas para la generación con el vÃnculo del santo matrimonio, sin más arrequives de festeos, pues desengañaban bien de cuán gran locura era lo contrario las ingratitudes de la infanta Dulcinea del Toboso. Y luego firmaba al pie del cartel: El Caballero Desamorado.