El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –¿Abogacía? –dijo él–. ¿Qué cosa es? ¿Es el arte de bogar en los barcos?
–No, señor –le dije–; la abogacía es aquella ciencia a que se dedican muchos hombres para instruirse en las leyes nacionales, y exponer el derecho de sus clientes ante los jueces.
Al oír esto, reclinóse el tután sobre la mesa poniéndose la mano en los ojos y guardando silencio un largo rato, al cabo del cual levantó la cabeza, y me dijo:
–¿Conque en tu tierra se llaman abogados aquellos hombres que aprenden las leyes del reino para defender con ellas a los que los ocupan, aclarando sus derechos delante de los tutanes o magistrados?
–Eso es, señor, y no más.
–¡Válgame Tien! –dijo el chino–. ¿Es posible que en tu tierra son tan ignorantes que no saben cuáles son sus derechos, ni las leyes que los condenan o favorecen? No me debían tan bajo concepto los europeos.
–Señor –le dije–, no es fácil que todos se impongan en las leyes por ser muchas, ni mucho menos con sus interpretaciones, las que sólo pueden hacer los abogados, porque tienen licencia para ello, y por eso se llaman licenciados...
–¿Cómo, cómo es eso de interpretaciones? –dijo el asiático–. ¿Pues qué, las leyes no se entienden según la letra del legislador? ¿Aún están sujetas al genio sofístico del intérprete?