El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Atendríame yo a ellos –dijo el tután–, pues a lo menos se aplican a consultar a la Naturaleza en una parte tan necesaria a la medicina como el conocimiento de las clases y virtudes de las hierbas. En efecto, en tu tierra habrá boticarios que curarán con más acierto que muchos médicos. Cuanto me has dicho me ha admirado, porque veo la diferencia que hay entre los usos de una nación y los de otra. En la mía no se llama médico, ni ejercita este oficio, sino el que conoce bien a fondo la estructura del cuerpo humano, las causas por que padece, y el modo con que deben obrar los remedios que ordena; y a más de esto, no se parten como dices que se parten en tu tierra. Aquí el que cura es médico, cirujano, barbero, boticario y asistente. Fiado el enfermo a su cuidado, él lo ha de curar de la enfermedad de que se queja, sea externa o interna; ha de ordenar los remedios, los ha de hacer, los ha de ministrar, y ha de practicar cuantas diligencias considera oportunas a su alivio. Si el enfermo sana, le pagan, y si no, lo echan noramala; pero en cada nación hay sus usos. Lo cierto es que tú no eres medico, ni aun puedes servir para aprendiz de los de acá; y así di qué otra cosa sabes con que puedes ganar la vida.
Aturdido yo con los aprietos en que me ponía el chino a cada paso, le dije que tal vez sería útil para abogacía.