El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Contento y admirado vivía yo con mi nuevo amigo. Contento por el buen trato que me daba, y admirado por oírlo discurrir todos los días con tanta franqueza sobre muchas materias que parecía que las profesaba a fondo. Es verdad que su estilo no era el que yo escribo, sino uno muy sublime y lleno de frases que regalaban nuestros oídos; pero como su locución era natural, añadía con ella nueva gracia a sus discursos.
Entre tanto yo gozaba de la buena vida, no me descuidaba en hacer mi negocio a la sombra de la amistad que el chaen me dispensaba, y así ponía mis palabras, interesaba mis súplicas, y hacía frecuentemente mis empeños por todos los que me ocupaban sin las manos vacías, y de esta suerte con semejante granjería llené un baúl de regalitos apreciables.
Todo esto se deja entender que era a excusas de mi favorecedor, pues era tan íntegro, que si hubiera penetrado mis malas artes acaso yo no salgo de aquella ciudad, pues me condena él mismo a un presidio; pero como no es muy fácil que un superior distinga al que le advierte del que lo adula y engaña, y más si está preocupado en favor de éste, se sigue que el malvado continúa sin recelo en sus picardías y los superiores imposibilitados de salir de sus engaños.