El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I A pocos días avisaron los extranjeros que el buque estaba listo, y que sólo estaban detenidos por la licencia del tután. Su hermano la consiguió fácilmente; y ya que todo estaba prevenido para embarcarnos, les comunicó el designio que tenía de pasar a la América con licencia del rey, gracia muy particular en la Asia.
Todos los pasajeros festejaron en la mesa su intención con muchos vivas, ofreciéndose a porfía a servirlo en cuanto pudieran. Al fin era toda gente bien nacida, y sabían a lo que obligan las leyes de la gratitud.
Llegó el día de embarcarnos, y cuando todos esperábamos a bordo el equipaje del chaen, vimos con admiración que se redujo a un catre, un criado, un baúl y una petaquilla.
Entonces, y cuando entró el chino, le preguntó el comerciante español que si aquel baúl estaba lleno de onzas de oro.
–No está –dijo el chino–; apenas habrá doscientas.
–Pues es muy poco dinero –le replicó el comerciante– para el viaje que intentáis hacer.