El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Se sonrió el chino y le dijo:
–Me sobra dinero para ver México y viajar por Europa.
–Vos sabéis lo que hacéis –dijo el español–; pero os repito que ese dinero es poco.
–Es harto –decÃa el chino–; yo cuento con el vuestro, con el de vuestros paisanos que nos acompañan y con el que guardan en sus arcas los ricos de vuestra tierra. Yo se los sacaré lÃcitamente y me sobrará para todo.
–Hacedme favor –replicó el español– de descifrarme este enigma. Si es por amistad, seguramente podéis contar con mi dinero y con el de mis compañeros; pero si es en lÃnea de trato, no sé con qué nos podréis sacar un peso.
–Con pedazos de piedras y enfermedades de animales –dijo el chino–, y no me preguntéis más, que cuando estemos en México yo os descifraré el enigma.
Con esto quedamos todos perplejos, se levaron las anclas y nos entregamos a la mar, queriendo Dios que fuera nuestra navegación tan feliz que en tres meses llegamos viento en popa al puerto y ruin ciudad de Acapulco, que, a pesar de serlo tanto, me pareció al besar sus arenas más hermosas que la capital de México. Gozo muy natural a quien vuelve a ver, después de sufrir algunos trabajos, los cerros y casuchas de su patria.