El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Pues tráelas –dijo el chino–, que el capellán no me puede privar de una satisfacción que la Naturaleza y mi religión me permiten.
–Con todo eso, señor –le repliqué–, el capellán es el demonio; no puede ver a las mujeres desde que una lo golpeó por otra en un paseo, y como está tan engreÃdo con el favor de usted, querrá vengarse con las muchachas que yo traiga, y aun las echará a palos por más lindas que sean y usted las quiera.
Enojóse el chino, creyendo que el capellán le quitarÃa su gusto, y asà enardecido, dijo:
–¿Qué es eso de echar a palos de mi casa a ninguna mujer que yo quiera? Lo echaré yo a él si tal atrevimiento tuviere. Anda y tráeme las mujeres más bellas que encuentres.
ContentÃsimo salà yo a buscar las madamas que me encargaron, creyendo que con el madurativo que habÃa puesto, el capellán debÃa salir de casa, y yo debÃa volver a hacerme dueño de la confianza del chino.