El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Cuando llegué estaban contando cuentos; a las doce de la noche rezaron un rosario bostezando, cantaron un alabado muy mal y se soplaron cada uno un tecomate de champurrado muy bien, sin quedarme yo de mirón.
Como a la una de la mañana se acostó la vieja y roncó como un perro, y porque no hiciéramos todos lo mismo, sacó un caritativo una baraja y nos pusimos en un rincón a echar nuestros alburitos por el alma del difunto.
A mí se me arrancó brevecito, como que mi puntero era muy débil y la suerte estaba decidida en mi contra. Sin embargo, me quedé barajando de banco por ver si me ingeniaba; pero nuestra velita se acabó y no hubo otro arbitrio que tomar un cabo prestado al señor muerto.