El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Antes de esto había cerrado la accesoria, temiendo no pasara una ronda y nos hallara jugando. Quién sabe quién cerró, ni quién tenía la llave; el cuartito era redondo y tenía una ventana que caía a una acequia muy inmunda; el envigado estaba endemoniado de malo, y al muerto lo habían puesto, sin advertirlo, en una viga, a la que faltaba apoyo por un extremo; con esto, al ir uno de aquellos tristísimos dolientes por el cabito para seguir jugando, pisó la viga en que estaba el cadáver por donde estaba sin apoyo, y con su peso se hundió para adentro, y como levantó la viga, alzó también el cuerpo del difunto, lo que, visto para mí y mis camaradas, nos impuso tal horror, creyendo que el muerto se levantaba a castigarnos, que al punto nos levantamos todos atropellándonos unos a otros por salir, y gritando cada cual las oraciones que sabía.