El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Fácil es concebir que luego luego nos quedamos a oscuras pasando y aun dando de hocicos sobre el muerto y el hundido, que sin cesar gritaba que se lo llevaba el diablo; la infeliz vieja no lo pasaba mejor, pues todos caíamos sobre ella la vez que nos tocaba; cada encontrón que se daba uno contra otro, pensaba que se lo daba con el muerto; crecía la aflicción por instantes porque no parecía la llave, hasta que uno advirtió abrir la ventana y salir por ella. A su ejemplo, todos hicimos lo mismo sin acordarnos de la acequia para nada. Con esto unos tras otros fuimos dejándonos caer en ella, y salimos hechos un asco de lodo y algo peor; pero al fin salimos sin hacer el menor aprecio de la pobre vieja, que se quedó a acompañar al difunto. Cada uno se fue por su parte a su casa, y yo a la del más trapiento de todos, que me manifestó alguna lástima.
Luego que llegamos a ella despertó a su mujer y le contó el espanto con la mayor formalidad, diciéndole cómo el muerto se había levantado y nos había golpeado a todos.