El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Acabaron de hablar mis vecinos, y a mí no me quedó duda en que eran don Martín y su esposa. Yo me fui a recoger, y a otro día madrugué para hablarles, lo que conseguí con disimulo, conociéndolos bien y sin darme a conocer de ellos. Supe que habían venido de la hacienda y se iban a establecer a tierra adentro. Me despedí de sus buenas personas, de las que ya no he sabido. Es regular que hayan muerto, porque las pesadumbres, las enfermedades y los muchos años no pueden acarrear sino la muerte.
Fuíme a misa bien temprano, volví a desayunarme, y no salí en todo el día, ocupándome en hacer las más serias reflexiones sobre mi vida pasada, y en afirmar los propósitos que había hecho de enmendar la venidera.
Una de las cosas por donde conocí que aquel propósito era firme y no como los anteriores, fue que, pudiendo sacar algún dinero del caballo, manga, sombrero, sable y espuelas, pues todo era bueno y de valor, no me determiné, no sólo temeroso de que me conocieran alguna pieza, como me conocieron en otro tiempo la capa del doctor Purgante, sino escrupulizando justamente, porque aquello no era mío, y por tanto no podía ni debía enajenarlo.