El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Propuse, pues, conservar aquellos muebles hasta entregárselos al confesor, con intención de pagar las pistolas que vendí, siempre que Dios me diera con qué, y supiera de su dueño.
Con esta determinación me salí cerca del anochecer a dar una vuelta por las calles sin destino fijo. Pasé por el templo de La Profesa; que estaba abierto; me entré a él con ánimo de rezar una estación y salirme.
Estaban puntualmente leyendo los puntos de meditación; me encomendé a Dios aquel rato lo mejor que pude, y oí el sermón que predicó un sacerdote harto sabio. Su asunto fue sobre la infelicidad de los que desprecian los últimos auxilios, y la incertidumbre que tenemos de saber cuál es el último. Concluyó el orador probando que jamás faltan auxilios, y que debemos aprovecharnos de ellos, temiendo no sea alguno el último, y despreciándolo, o nos corte Dios los pasos cerrando la medida de nuestros crímenes, o nos endurezca el corazón cayendo en la impenitencia final.
¡Pero con qué espíritu y energía esforzaba el orador estas verdades!