El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Comieron todos alegremente, y yo también, que, como muchacho al fin, era rencoroso, y más cuando trataban de complacerme con abundancia de guisados exquisitos y sabrosos dulces; porque don Martín; que así se llamaba el amo, era bastante liberal y rico.
Durante la comida hablaron de muchas cosas que yo no entendí; pero después que alzaron los manteles, preguntó una señora si habíamos visto la cometa.
–El cometa, dirá usted, señorita –dijo el padre vicario.
-Eso es -respondió la madama.
-Sí, lo hemos visto estas noches en la azotea del curato y nos hemos divertido bastante.
-¡Ay! ¡Qué diversión tan fea! -dijo la madama.
-¿Por qué, señorita?
-¿Por qué? Porque ese cometa es señal de algún daño grande que quiere suceder aquí.
-Ríase usted de eso –decía el cleriguito-; los cometas son unos astros como todos; lo que sucede es, que se ven de cuando en cuando porque tienen mucho que andar; y así son tardones, pero no maliciosos. Si no, ahí está nuestro amigo don Januario, que sabe bien qué cosa son los cometas y por qué se dan tanto a desear de nuestro ojos, y él nos hará favor de explicarlo con claridad para que ustedes se satisfagan.