El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Sal, expláyate, diviértete. No está la virtud reñida con la alegría ni con la honesta diversión. La hermosura del campo, para recreo de los sentidos y la comunicación recíproca de los hombres por medio de la explicación de sus conceptos para desahogo de sus almas, es bendita por el mismo Dios, pues Su Majestad crió así la belleza, aromas, sabores, virtudes y matices de las plantas, flores y frutos, como la viveza, gracias, penetración y sublimidad de los entendimientos, y todo lo hizo, crió y destinó para recreo y utilidad del hombre; y si no ¿a qué fin sería dotar a las criaturas subalternas de bellezas, y al racional de espíritu para percibirlas, si no nos había de ser lícito ejercitar sobre ellas nuestro talento ni sentidos? Sería una creación inútil por una parte, y por otra una tiranía que degradaría a la deidad, pues probaría que había criado entes espectables y deliciosos, y nos había dotado de apetitos, prohibiéndonos a aplicación de éstos y la fruición de aquéllos.
Pena que los gentiles la hallaron digna de ser castigo infernal para los crueles y avaros como Tántalo, a quien concedieron la vista inmediata de las manzanas y el agua que llegaban a su boca, y no podía satisfacer su sed ni su hambre.