El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Entonces, brotando fuego por los ojos, me dijo:
–¿Ve usted quiénes son los hombres? ¿Ve usted qué fáciles son para pensar de sus semejantes del peor modo? Al instante que me ven me tienen por ladrón. ¿Por qué no me juzgan enfermo y desvalido? ¿Por qué no creen que ustedes me socorren, sino que antes su caridad la suponen justicia y rigor? ¡Ah! ¡Malditos sean los hombres!
–¿Quién hace caso –le dije– del vulgo, cuando sabemos que es un monstruo de muchas cabezas, con muy poco o ningún entendimiento? El vulgo se compone de la gente más idiota del pueblo, y ésta no sabe pensar, y cuando piensa alguna cosa es casi siempre mal, pues no conociendo las leyes de la crítica, discurre por las primeras apariencias que le ministran los objetos materiales que se le presentan, y como sus discursos no se arreglan a la recta razón, las más veces son desatinados, y los forma tales con la misma ignorancia que un loco; pero así como no debemos agraviamos por las injurias que nos diga un loco, porque no sabe lo que dice, tampoco debemos hacer aprecio de los dicterios ni opiniones perversas del vulgo, porque es un loco y no sabe lo que piensa ni lo que habla.