El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Cuando me vi sin el amparo y sombra de mis amantes padrinos, conocí que los amé mucho y que eran acreedores a mayor amor del que yo fui capaz de profesarles. Desde entonces no he conocido y tratado otros mortales más sinceros, más inocentes, más benéficos ni más dignos de ser amados. Todos cuantos he tratado han sido ingratos, odiosos y malignos, hasta una mujer en quien tuve la debilidad de depositar todos mis afectos entregándole mi corazón.
“Ésta fue una cruel hermosa, hija de un rico, con quien tenía celebrados contratos matrimoniales. Ella mil veces me ofreció su corazón y su mano; otras tantas me aseguró que me amaba y que su fe sería eterna; y de la noche a la mañana se entró en un convento, y, perjura indigna, ofreció a Dios un alma que había jurado que era mía. Ella me escribió una carta llena de improperios que mi amor no merecía; ella sedujo a su padre atribuyéndome crímenes que no había cometido, para que se declarara, como se declaró, mi eterno y poderoso enemigo; y ella, en fin, no contenta con ser ingrata y perjura, comprometió contra mí a cuantos pudo para que me persiguieran y dañaran, contándose entre éstos un don Tadeo, hermano suyo, que, afectándome la más tierna amistad, me había dicho que tendría mucho gusto en llamarse mi cuñado. ¡Ah, crueles!”