El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Mientras que el misántropo contaba su historia, advertí que mi cajero lo atendía con sumo cuidado, y desde que tocó el punto de sus mal correspondidos amores, mudaba su semblante de color a cada rato, hasta que, no pudiendo sufrir más, le interrumpió diciéndole:
–Dispense usted, señor: ¿cómo se llamaba esa señora de quien usted está quejoso?
–Isabel.
–¿Y usted?
–Yo, Jacobo, al servicio de usted.
Entonces el cajero se levantó y, estrechándolo entre sus brazos, le decía con la mayor ternura: