El Periquillo Sarniento. Tomo I

El Periquillo Sarniento. Tomo I

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Entonces advertí cuán difícil es hallar un dependiente enteramente bueno, y cómo se deben apreciar cuando se encuentran.

Sin embargo de mi soledad, no dejaba yo de venir a México con frecuencia a mis negocios.

Visitaba a mi amo, a quien cada día merecía más pruebas de confianza y amistad, y no dejaba de ver a Pelayo, ya en la iglesia, ya en su casa, y siempre lo hallaba padre y amigo verdadero.

Casualmente encontré un día al padre capellán de mi amo el chino en el cuarto de mi amigo Pelayo. Este padre capellán tenía mucha retentiva o conservaba fijamente las ideas que aprendía con viveza, y como por mí disfrutaba el acomodo que tenía y fue causa de que saliera yo de la casa de su patrón, retuvo muy bien en su fantasía mi figura, y al instante que me vio me reconoció, y mirando que el padre Pelayo me hacía mucho aprecio, me habló con el mismo, y satisfecho de la mutación de mis costumbres por sus preguntas, por el asiento de mi conversación y por el informe de Pelayo, se me dio por conocido, alabó mi reforma, procuró confirmarme en ella con sus buenos consejos, me dio las gracias por el influjo que había tenido en su colocación, me aseguró en su amistad y me llevó a la casa del asiático a pesar de mi resistencia, porque le tenía yo mucha vergüenza.


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