El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “También te ruego que no consientas que las señoras viejas me acaben de despachar con buena intención echándome en la boca, y en estado agonizante, caldo de sustancia ni agua de la palata. Adviérteles que ésta es una preocupación con que abrevian la vida del enfermo y lo hacen morir con dobles ansias. Diles que tenemos dos cañones en la garganta llamados esófago y laringe. Por el uno pasa el aire al pulmón, y por el otro el alimento al estómago; mas es menester que les adviertas que el cañón por donde pasa el aire está primero que el otro por donde pasa el alimento. En el estado de sanidad, cuando tragamos tapamos con una valvulita, que se llama “glotis”, el cañón del aire, y quedando cerrado con ella, pasa el alimento por encima al cañón del estómago como por sobre un puente. Esta operación se hace apretando la lengua al paladar en el acto de tragar, de modo que nadie tragará una poca de saliva sin apretar la lengua para tapar el cañón del aire, y cuando por un descuido no se hace esta diligencia y se va, aunque sea una gota de agua, lo que llaman irse al galillo, el pulmón, que no consiente más que el aire, al momento sacude aquel cuerpo extraño, y a veces con tal violencia que se arroja hasta por las narices dicho cuerpo, si es líquido. Cuando el agua, v. gr., que se ha ido al pulmón, pesa más que el aire que hay dentro, se ahoga el paciente; y si es poca, la arroja éste, como se ha dicho.