El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Llegué a él, anduve por los claustros preguntando por la celda del prelado, me la enseñaron, toqué, entré y hallé al padre provincial sentado junto a su mesa, y en ella estaba un libro abierto, en el que sin duda leía a mi llegada.
Luego que lo saludé, le besé la mano con todas aquellas ceremonias en que poco antes me había ensayado, y le entregué la carta de recomendación de su hermano. La leyó, y mirándome de arriba abajo, me preguntó que si quería ser religioso de aquel convento.
-Sí, padre nuestro -respondí.
-¿Y usted sabe –prosiguió– qué cosa es ser religioso, y de la estrecha observancia de Nuestro Padre San Francisco? ¿Lo ha pensado usted bien?
-Sí, padre -respondí.
-¿Y qué le mueve a usted el venir a encerrarse en estos claustros y a privarse del mundo, estando como está en la flor de su edad?
-Padre -dije yo-, el deseo de servir a Dios.