El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Convinimos en que había de amarrar los albures de afuera para que él alzara, y otro amigo suyo que había vendido un caballo para apuntarse, pusiera y desmontara, y que concluida la diligencia nos partiríamos el dinero como hermanos.
No me costó trabajo decir que sí, como que ya era tan ladrón como él.
Llegó el día siguiente; fue Juan Largo por el payo; me dio éste cien pesos y me dijo:
-Amito, cuídelos, que yo le daré una buena gala si ganamos.
-Quedamos en eso -le respondí.
Y me puse a tallar a mi modo y según, y como los consejos de mi endemoniadísimo maestro.
En dos por tres se acabó el monte, porque el dinero del caballo vendido eran diez pesos, y así, en cuatro albures que amarré y alzó Januario, se llevó el dinero el tercero en discordia.
Este se salió primero para disimular, y a poco rato Januario, haciéndome señas que me quedara. El pobre payo estaba lelo considerando que ni visto ni oído fue su dinero; sólo decía, de cuando en cuando: “¡Mire, señor, qué desgracia!, ni me divertí”. Pero no faltó