El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Amigo, pues ése no es don ni doña, cuando más y mucho, será don Petate, y don Encuerado, como nosotros...
A este tiempo fue entrando el susodicho, y luego que lo vieron, comenzaron todos a darle broma, diciéndole: “¡Oh, don Januario! ¡Oh, señor don Juan Largo!, pase su merced.
¿Dónde ha estado?” Y otras sandeces, que todas se reducían a mofarlo por el tratamiento que yo le había dado.
Él no me había visto, y como lo ignoraba todo, estaba como tonto en vísperas, hasta que uno de los encuerados, para sacarlo de la duda, le dijo:
-Aquí ha venido preguntando por el caballero don Januario Garrapiña o Garrapeña, el señor.
Y diciendo esto me señaló.
No bien me vio Januario, cuando exaltado de gusto no tuvo su amistad expresiones más finas con que saludarme que echarse a mis brazos y decirme:
-¿Es posible, Periquillo Sarniento, que nos volvemos a ver juntos?
En cuanto aquellos hermanos oyeron mi sobrenombre, renovaron los caquinos, y comenzaron a indagar su etimología, cuya explicación no les negó Januario.