El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Aquí fue el mofarme y el periquearme todos a cual más, como que al fin eran gente soez y grosera; yo por más que me incomodé con la burla, no pude menos sino disimular, y hacerme a las armas, como dicen vulgarmente; porque si hubiera querido ser tratado de aquella canalla según merecían mis principios, les hubiera dado mayor motivo de burlarme.
Éstos son los chascos a que se expone el hombre flojo, perdido y sinvergüenza.
Cuando me vieron tan jovial y que, lejos de amohinarme, les llevaba el barreno, se hicieron todos mis amigos y camaradas, marcándome por suyo, pues según decían, era yo un muchacho corriente, y con esta confianza nos comenzamos todos a tutear alegremente.
Costumbre ordinaria de personas malcriadas, que comienza en son de cariño y las más veces acaba con desprecios, aun entre sujetos decentes.[51]
Cátenme ustedes ya cofrade de semejante comunidad, miembro de una academia de pillos y socio de un complot de borrachos, tahúres y cuchareros. ¡Vamos, que en aquella noche quedé yo aventajadísimo, y acabé de honrar la memoria de mi buen padre!