El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I ¿Qué hubiera dicho mi madre si hubiera visto metido en aquella indecentísima chusma al descendiente de los Ponces, Tagles, Pintos, Velasco, Zumalacárreguis y Bundiburis? Se hubiera muerto mil veces, y otras tantas habría resuelto ponerme al peor oficio antes que dejarme vagabundo; pero las madres no creen lo que sucede, y aun les parece que estos ejemplos se quedan en meros cuentos, y que aun cuando sean ciertos no hablan con sus hijos. En fin, nos acostamos como pudimos los que nos quedamos allí, y yo pasé la noche como Dios quiso.
Seis u ocho días estuve entre aquella familia, y en ellos me dejó Januario sin capote, pues un día me lo pidió prestado para hacer no sé qué diligencia, se lo llevó y me dejó sin sarape.
A las cuatro de la tarde vino sin él, quedándome yo muerto de susto cuando me contó mil mentiras, y remató con que el capote estaba empeñado en cinco pesos.
-¡En cinco pesos, hombre de Dios! -dije yo-. ¿Cómo puede ser eso, si está tan roto y remendado que no vale veinte reales?
-¡Oh, qué tonto eres! -me contestó-. Si vieras los lances que hice con los cinco pesos, te hubieras azorado; ya sabes que soy trepador. Me llegué a ver como con... yo te diré.
Quince y siete son veintidós, y... ¿nueve?, treinta y uno... ¿y doce?, en fin, como con cincuenta pesos, por ahí.