El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -¡Qué animal eres! -decía el Gavilán-; lo primero, que esa amistad de don Antonio era por su conveniencia, por tener con quién platicar, y porque con nosotros no tenía partido por mono, ridículo y misterioso. Lo segundo, que ya embriagado con su libertad, no se acordará en la vida de esos tiliches, así como no se ha acordado en cuatro días que ha que salió. Lo tercero, que en caso que se acuerde, es fuerza que crea la disculpa sin hacerte cargo del robo; y lo cuarto y último, que eso no se llama agraviar a los amigos, pues tú no le haces ningún agravio, ni le quitas su mujer ni su crédito, ni sus intereses, ni le das una puñalada, ni le haces ninguna injuria a sus sabiendas. Le vendes una que otra friolerilla por pura necesidad y sin que lo sepa; lo que es señal de grande amistad. Si le hicieras algún
daño cierto de que lo había de saber, era señal de que lo querías agraviar; pero venderle cuatro trapos, seguro de que no lo sabrá, es la prueba más incontestable de que lo quieres bien, lo que puede aquietar tu interior.