El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Somos unos pobres mendigos que echando relaciones, multiplicando plegarias, llorando desdichas, y porfiando y moliendo a todo el mundo, sacamos mendrugo al fin. Comemos, bebemos (y no agua), jugamos, y algunos mantenemos nuestras pichicuaracas como Anita (esta Anita era la trapientona rolliza y no muy fea que acababa de entrar con un chiquillo en brazos, amasia del patrón o del mendigo mayor, que era quien me hablaba). El modo es -
proseguía el desastrado- fingirse ciegos, baldados, cojos, leprosos y desdichados de todos modos; llorar, pedir, rogar, echar relaciones, decir en las calles blasfemias y desatinos, e importunar al que se presente de cuantas maneras se pueda, a fin de sacar raja, como lo hacemos. Ya tiene usted aquí todo lo milagroso del oficio y el gran proyecto que le ofrecí para no morirse de hambre. Ello es menester no ser tontos, porque el tonto para nada es bueno, ni para bien ni para mal. Si usted sabe valerse de mis consejos comerá, beberá y hará lo que quiera, según sea su habilidad, pues la paga será como su trabajo; pero si es tonto, vergonzoso o cobarde, no tendrá nada. Éstos que usted ve, a mí me deben sus adelantos; pero saben hacer su diligencia. Ahora lo verá usted.