El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Como ya tenía más de once mil pesos míos y estaba bien conceptuado en Manila, procuré no extraviarme ni faltar al método de vida que había observado en tiempo del coronel, a pesar de los siniestros consejos y provocaciones de los malos amigos que nunca faltan a los hombres libres y con dinero; y esto lo hacía así por no disipar mis monedas, como por no perder el crédito de hombre de bien que había adquirido. ¡Que cierto es que el amor al dinero y nuestro amor propio, aunque no son virtudes, suelen contenernos y ser causa de que no nos prostituyamos a los vicios!
De este evidente principio nace esta necesaria consecuencia: que mientras menos tiene que perder el hombre, es más pícaro, o cuando no lo sea, está más expuesto a serlo. Por eso los hombres más pobres y los más soeces de las repúblicas son los más perdidos y viciosos, porque no tienen ni honor ni intereses que perder; y por lo mismo están más propensos a cometer cualquier delito y a emprender cualquiera acción por vil y detestable que sea; y por esto también dicta la razón que se debería procurar con el mayor empeño por todos los superiores, que sus súbditos no se educasen vagos e inútiles.