El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Fuera de esto, ¿qué días tan alegres no me pasaré en el gobierno de aquel vasto y dilatado reino? ¿Qué de dinero no juntaré por todos los medios posibles, sean los que sean? ¿Qué diversiones no disfrutaré? ¿Qué multitud de aduladores no me rodeará canonizando mis vicios como si fueran las virtudes más eminentes, aunque en el juicio de residencia no se vuelvan a acordar de mí, o tal vez sean mis peores enemigos? Pero, en fin, aquellos años, cuando menos, los pasaré anegados en las delicias, y no descuidándome en atesorar plata, con ella podré tapar las bocas de mis enemigos y comprar las de mis amigos, para que éstos abonen mi conducta y aquéllos callen mis defectos; y en este caso, he aquí un Periquillo, un hidalgo, según dicen, un hombre de mediana fortuna y si se quiere un pillo de primera, bonificado a la faz del rey y de los hombres buenos, por más que sus iniquidades gritarían la venganza entre los particulares agraviados.
Así, ni más ni menos, era mi modo de pensar en aquellos días primeros que navegaba para mi tierra, y si Dios hubiera llenado la medida de mis inicuos deseos, quién sabe si hoy estarían infinitas familias desgraciadas, la mía deshonrada y yo mismo decapitado en un patíbulo.