El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Siete días llevábamos de navegación, y en ellos tenía yo la cabeza llena de mil delirios con mi soñado virreinato. Bandas, bordados, excelencias, obsequios, sumisiones, banquetes, vajillas, paseos, coches, lacayos, libreas y palacios eran los títeres que bailaban sin cesar en mi loco cerebro, y con los que se divertía mi tonta imaginación.
Tan acalorado estaba con estas simplezas, que aún no ponía la primera piedra a este vano edificio, cuando ya me hallaba revestido de cierta soberbia, con la que pretendía cobrar gajes de virrey sin pasar de un triste Periquillo; y en virtud de esto, hablaba poco y muy mesurado con los principales del barco, y menos o nada con mis iguales, tratando a mis inferiores con un aire de majestad el más ridículo.
Inmediatamente notaron todos mi repentina mutación, porque si antes me habían visto jovial y cariñoso, dentro de cuatro días me veían fastidioso, soberbio e intratable, por lo que unos me ridiculizaban, otros me hacían mil desaires, y todos me aborrecían con razón.