Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda Aquí fueron mis apuraciones, porque yo no tenía hermana ni cosa que se le pareciera. No tuve más arbitrio para excusarme sino decirle que me parecía muy bien su deseo, y desde luego lo cumpliera si no hubiera yo tomado tanto aguardiente, pues mi hermana vivía conmigo y una tía muy escrupulosa, que si me olía, me echaría tan gran regaño que me haría incomodar demasiado, y al mismo tiempo juzgaría que el nuevo amigo tenía la culpa y era un pícaro que se andaba embriagando por las calles, enseñando a borracho a su sobrino; y así que mejor sería que fuera a conocer a mi hermana al día siguiente. Simplicio se convino de buena gana, pues ya le parecía que mi hermana era muy bonita, que ganaba el pleito, se casaba con ella y tenía tres o cuatro mil pesos que tirar.
Yo advertí lo bien que me había salido mi arbitrio, traté de llevarlo adelante y aprovecharme de él.
Desde luego le dije que por haberme estado en su amable compañía había perdido la mañana y no tenía nada que llevar a mi casa, que me prestara un par de pesos sobre mi reloj.
—Quita allá —me dijo—; ¿yo había de recibir ninguna prenda a un amigo, a un deudo y compañero que tanto estimo? Toma los dos pesos, y mira si se te ofrece otra cosa.
Embolsé mis dos duros muy contento, lo cité para la mañana siguiente en el mismo café, y nos despedimos.